Te debo un invierno, un invierno completo. Soy consciente. Lo sé. Lo anoto en el cuaderno junto a los deseos pendientes...
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.
Te debo un invierno, un invierno completo. Soy consciente. Lo sé. Lo anoto en el cuaderno junto a los deseos pendientes...
Lo bueno es que nos queda la música. Lo malo es que Robe no volverá a componer ninguno de sus himnos: ni los más rockeros, ni los más sentidos, ni los más profundos, ni los más gamberros...
Nada mas triste que un elefante en un circo. En realidad, nada más triste que cualquier animal en un circo -o simplemente encerrado-...
Me duele el cuello. No sé si es por un mal gesto o por un sobreesfuerzo. Pero me duele. De mirar -y no ver- a tantos frentes. De mirar y no sentir -o sentir demasiado-.