Me están invadiendo la casa. De forma sigilosa pero descarada. Sin ningún tipo de vergüenza ni disimulo. Y, con cierto asombro, escucho sus pasos, casi imperceptibles, minúsculos...
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.
Me están invadiendo la casa. De forma sigilosa pero descarada. Sin ningún tipo de vergüenza ni disimulo. Y, con cierto asombro, escucho sus pasos, casi imperceptibles, minúsculos...
Hay días que amanecen grises, aunque el sol brille en la ventana. Aunque te llegue el rumor -algo difuso- de un mar que parece en calma. Aunque oigas trinar a los pájaros que parlotean y cantan. Y rebuscas en los bolsillos -y en la paleta- los colores que te ayuden a cambiar la luz de la mañana...
Perseguir pompas de jabón es uno de los juegos preferidos de los niños. Tiene su punto mágico querer atrapar esas esferas efímeras, tan frágiles que cuando las acaricias… se desvanecen…
Un día te levantas y dejas de correr sin saber bien por qué lo hacías. Te atreves a asomarte por encima de las orejeras y a dejar de mirar solo al frente para mirar también a los lados. O incluso -más importante- hacia atrás -sin miedo-...
Mientras el mundo gira yo solo pido una pausa. Una especie de tiempo muerto, como los del baloncesto, pero sin instrucciones y sin gritos. Solo silencio...