Me están invadiendo la casa. De forma sigilosa pero descarada. Sin ningún tipo de vergüenza ni disimulo. Y, con cierto asombro, escucho sus pasos, casi imperceptibles, minúsculos...
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.
Me están invadiendo la casa. De forma sigilosa pero descarada. Sin ningún tipo de vergüenza ni disimulo. Y, con cierto asombro, escucho sus pasos, casi imperceptibles, minúsculos...