Nada como ver la sombra para conocer a alguien. La sombra no engaña. No lleva maquillaje...
La sombra es tímida. Amanece suave, perezosa, con un punto de modorra. Y poco a poco se estira y se despereza, siempre discreta. Un paso por detrás, para no ofender, para no tropezar.
La sombra es también curiosa y gira sobre sí misma explorando nuevas formas y rincones. Juega hasta que se agota y a poco a poco se desvanece.
Al final del día la sombra se alarga, como si quisiera salirse de sus márgenes y retrasar un destino que para ella es inevitable.
Porque cuando se va la luz se queda inerte, vigilante eso sí, observando a oscuras y guardando los secretos que solo ella conoce.
No hay como conocer la sombra para conocer a alguien.
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De sombras habla también Murakami en su última novela “La ciudad y sus muros inciertos”. Haruki teje -como siempre- una historia con un universo muy particular -a veces extraño, a veces hipnótico- con personajes poco convencionales que hablan con sus sombras y se desprenden de ellas para poder vivir en una ciudad amurallada que crece o se encoge a voluntad.
Y más allá del relato y la historia narrada, quedan algunas preguntas: ¿quién mueve esa muralla que se ensancha o se encoge -y nos establece los límites-? ¿Nuestra vida es real o es la sombra de lo que podría llegar a ser?
"- ¿Tienes sombra? Quienes tienen sombra no pueden entrar en la ciudad
- No, no tengo. Yo mismo me he desprendido de mi carcasa y la he dejado en el mundo de allá. Supongo que a eso puedo llamarle mi sombra. O, al contrario, quizás sea yo, en realidad, la sombra y lo que he dejado allí es mi cuerpo. Quien sabe"
"Sostengo que no hay una sola realidad, sino que se nos ofrece un amplio abanico de posibilidades, de entre las cuales, cada persona tiene que seleccionar una"
"...y cuando me senté a tu lado, sentí algo extraño, como si miles de hilos invisibles ataran con firmeza mi corazón a tu cuerpo"
Haruki Murakami

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