Hay llamas que iluminan suaves y hay llamas que deslumbran de forma abrupta. Hay llamas que te envuelven en bienestar y calor -como un abrazo sincero- y otras que solo generan pavor y lo devoran todo en apenas unos minutos dejando un rastro de desolación, cenizas y silencio...
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.