A
veces me canso de mirar a los ojos y no ver nada. O no saber verlo. De
deambular perdido mirando hacia el suelo; mirando hacia el móvil o mirándome el
ombligo –que viene a ser lo mismo-. A veces descubro que en realidad no
observo, solo aprecio, rápido, mi reflejo. Y no sé quien eres. Y no sé quien
soy. Y no sé quienes somos...
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.
viernes, 27 de septiembre de 2013
jueves, 19 de septiembre de 2013
dignidad a precio de saldo
Se
nos van los principios por la boca. O por los ojos –esos que cerramos al tiempo
que nuestra conciencia-. Y por las axilas. Vamos que nos la suda todo. Y todos.
Tristes egoístas insolidarios...
jueves, 29 de agosto de 2013
borrachos y sin escribas
Vivimos
en un país de excesos. De contrastes. De amores, envidias y celos. De claros y
obscuros. De poca memoria y muchos olvidos. De drama y penuria infinita. También
de alegría y festejos –algunos absurdos-, que oportunamente rociados con
alcohol y ebrios de vino anulan las conciencias más frágiles. Vivimos en un
mundo de excesos. Y nadie parece querer ponerle freno…
martes, 13 de agosto de 2013
lágrimas sin pegamento
Anoche vi llorar al cielo. No mucho, solo un rato, un tiempo. A un ritmo pausado, lento. Un constante goteo de lágrimas de fuego que se asomaban de tanto en tanto a través de un velo de nubes, entre bostezo y bostezo. Y no eran tristes, eran lágrimas de sueños. Las que nos trae cada año, en agosto, San Lorenzo o Perseo, según credos. Eran lágrimas sin pegamento...
martes, 6 de agosto de 2013
el ancla y las llaves
Todos
necesitamos un ancla. Algo que nos sujete, firme, a la tierra y nos impida ir a la
deriva en este océano infinito que nos envuelve y nos rodea. Un punto al que
aferrarnos y poder sobrevivir cuando suba la marea. Una referencia. Un lugar
donde volver y sentirnos seguros - y poder tocar
mare, que decimos en Valencia-. Un lugar. Un ancla. Unas llaves. Un
recuerdo, todo vale...
viernes, 26 de julio de 2013
infinita tristeza
Dicen los que lo han vivido que cuando llega es insoportable. Como una bofetada seca. Como una daga que te desgarra, lenta, la garganta. Como un tsunami infinito que te rodea, te envuelve y te arrastra por aguas de tristeza, una tristeza también infinita...
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