Todos
necesitamos un ancla. Algo que nos sujete, firme, a la tierra y nos impida ir a la
deriva en este océano infinito que nos envuelve y nos rodea. Un punto al que
aferrarnos y poder sobrevivir cuando suba la marea. Una referencia. Un lugar
donde volver y sentirnos seguros - y poder tocar
mare, que decimos en Valencia-. Un lugar. Un ancla. Unas llaves. Un
recuerdo, todo vale...
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.
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martes, 6 de agosto de 2013
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