Vivimos
en un país de excesos. De contrastes. De amores, envidias y celos. De claros y
obscuros. De poca memoria y muchos olvidos. De drama y penuria infinita. También
de alegría y festejos –algunos absurdos-, que oportunamente rociados con
alcohol y ebrios de vino anulan las conciencias más frágiles. Vivimos en un
mundo de excesos. Y nadie parece querer ponerle freno…
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.
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jueves, 29 de agosto de 2013
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