Hay días que amanecen grises, aunque el sol brille en la ventana. Aunque te llegue el rumor -algo difuso- de un mar que parece en calma. Aunque oigas trinar a los pájaros que simplemente cantan y cantan. Y rebuscas en los bolsillos -y en la paleta- los colores que te ayuden a cambiar la luz de la mañana...
Hay días que parecen grises, sin más. Y grises son, aunque te esfuerzas y pones en práctica los consejos y las técnicas de esos libros y videos donde todo parece tan fácil y tan mágico. Y respiras para no caer en la trampa y sentirte invisible.
Hay días en que amaneces cansado después de bregar toda la noche
con unos recuerdos que creías en blanco y negro. Y entre ese Blanco y Negro surge
el gris que por unas horas te acompaña. Y no hay más que sentir y dejarlo
pasar. Porque en los grises, como en todos los colores, también puedes saborear
los matices.
Hay días que son simplemente tristes, de esos que nadie cuenta y que no salen en Instagram. Y no pasa nada. Respira y sigue. Respira y vive. Mañana, con suerte, habrá menos tonos grises.

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