lunes, 11 de mayo de 2026

la invasión silenciosa

Me están invadiendo la casa. De forma sigilosa pero descarada. Sin ningún tipo de vergüenza ni disimulo. Y, con cierto asombro, escucho sus pasos, casi imperceptibles, minúsculos... 

Van todas en fila, bien organizadas. Como si tuvieran un mandato superior que les impeliera a lanzarse a pecho descubierto al campo de batalla. Y las observo mientras avanzan impasibles y aprovechan cualquier descuido para multiplicarse y llegar con más refuerzos. 

Creo que vienen desde la jardinera -pequeño peaje de querer tener geranios en la ventana- y desde ese 'campo base' arrancan una ofensiva que les lleva a todos los rincones, menos a la nevera -que las hormigas son muy frioleras-



A veces me dejo llevar y cometo una masacre -sin sangre- de la que luego me arrepiento. O intento taponar -sin éxito- sus vías de acceso y escapatoria. Pero no hay manera. 

Las hormigas son como las emociones, que no piden permiso para entrar y se cuelan por cualquier rendija, por mucho que intentes taparla. Por mucho que intentes ahogarlas y ponerles mordaza. Hacen su camino y se te incrustan en las entrañas... hasta que encuentras la forma de acomodarlas.

Me están invadiendo la casa -y el corazón-. Y no puedo hacer nada. Así que tendré que dejarlas entrar. Y simplemente esperar. A ver que pasa.  

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