Tengo
un reloj dormido que anda algo equivocado. Tengo un ombligo perdido y un laberinto en
los párpados. Tengo un corazón desnudo que a veces se despista cuando intenta
dar las horas. Y a las nueve son las cinco. Y a las cinco son las cuatro...
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.
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jueves, 6 de marzo de 2014
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