Hay gente miserable. Mucha. Que siguen
máximas y pensamientos miserables. Como una que dicen que rige a los
mercados y a algunos hombres acaudalados: “Cuando veas sangre en las calles, es tiempo de comprar propiedades”. La escuché el otro día en una película de estas
norteamericanas -insustanciales-. No creí que fuera cierta hasta que la busqué.
Y existe la frase. Y existe la gente miserable.
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.
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jueves, 12 de diciembre de 2013
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