Miro
la aguja y no avanza. Permanece estática, inmóvil -desafiante- ante la mirada
estéril y desesperada de unos ojos sin palabras. Y no pasa, el tiempo. Y no
pasa, nada…
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.
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domingo, 27 de julio de 2014
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