Un día me levanté y no entendía nada. Absolutamente
nada. El mundo -mi mundo- había cambiado de la noche a la mañana. Me despertó
un terremoto, que me hizo caer de la cama. Y todavía aturdido me asusté cuando
vi que lo que temblaba era el cielo. Mi cielo. Mi alma. Y me acordé de Franz Kafka...
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.
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lunes, 23 de diciembre de 2013
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