Todo pasa deprisa. Demasiado deprisa. En nuestro trabajo, en nuestro ocio y en nuestra vida. A una velocidad de vértigo, que además, va in crescendo, como una espiral sin fondo, pero con un final muy concreto. Y a cada paso, un segundo, y a cada segundo, un paso. Y cuando cierras los ojos, ya te has quedado rezagado...
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.
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jueves, 21 de marzo de 2013
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