Una
pared, una pelota, un frontón, una cabeza que golpea -y golpea- insistente sobre
el muro de piedra. Que rebota y rebota. Que rebota y golpea. Hasta que sangra
-y sangra-. Y no se da cuenta…
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.
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lunes, 23 de junio de 2014
mover el sol
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