No
basta con ganar, hay que humillar. No basta con derrotar, hay que aniquilar las
esperanzas -también los sueños, también los deseos-. No basta con llevar a la
ruina económica a miles y miles de personas, hay que acabar también con su
dignidad. Hay que demostrar quien manda, anular la autoestima. Que nadie dude
que no somos iguales. Hay que invalidar esa incómoda utopía…
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.
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jueves, 21 de noviembre de 2013
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