jueves, 2 de julio de 2026

Sobre el cansancio

Vivimos eternamente cansados. Y sin energía para si quiera alcanzar todos los compromisos que autoadquirimos: trabajo vocacional que nos ocupa más tiempo del que nos gustaría, crianza presencial -o eso intentamos aunque sea haciendo de mamify/papify-, sin perder la vida social, la atención familiar y las aficiones -que además tenemos que exhibir en las RRSS-...

Unos malabares infinitos en los que a cada paso se le suma una nueva maza. Y si es posible, que sean esas de fuego que lo hacen todo más vistoso -y también más peligroso-.



Llegamos agotados a cumplir los objetivos. Sin tiempo para pensar. Cumplir objetivos. Esas son las palabras que nos definen. Producir. Y exhibir lo que producimos al tiempo perdemos la poca energía que nos queda en fisgonear la felicidad externa en las redes, mientras postergamos las cosas que nos hacen felices… porque tenemos que cumplir objetivos. 

Es “La sociedad del cansancio” de la que habla Byung-Chul Han. Una sociedad del rendimiento en la que "el 'animal laborans' se explota a sí mismo, y encima lo hace voluntariamente, sin que otros lo obliguen. Es víctima y verdugo al mismo tiempo” explica el filósofo surcoreano. 

Byung-Chul Han denunció ya hace años en este libro la trampa del ‘muktitasking’ que nos obliga a dispersar nuestra atención y a caer en la hiperatención y en la hipercomunicación que nos sobrepasa en estímulos infinitos y nos aleja del aburrimiento, de la tranquilidad, de la vida contemplativa… claves esenciales para el proceso creativo y la relajación espiritual, claves del Aquí y Ahora que nos permite ser conscientes de la vida. 


“Un incremento excesivo del rendimiento provoca el infarto del alma” dice Chan. Y si no nos queda alma, espíritu, ni relaciones profundas en ese “cansancio que desune”, ¿qué nos queda?. 


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Queda retroceder e intentar salir de la rueda del hamster. Queda la necesidad de volver a ser y sentirse personas. Queda recuperar la conciencia y los afectos. 

La revolución -o la rebeldía- hoy en día es ser capaz de elegir a lo que le prestas tu atención. Y hacerlo de forma consciente. Y hacerlo, además, antes de que al levantar la mirada del ordenador, de la tablet o del teléfono te des cuenta de que has consumido otros 10 años. Y que ya no conoces a quien está a tu lado.

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