Llega un día en que te das cuenta que no
estás solo. Y que no vas a estarlo -por mucho que algunos te empujen escaleras
abajo-. Y notas el calor de los abrazos. De los que vienen de cerca -casi
obligados e involuntarios-, y de los son más lejanos. Los que te llegan al alma
sobre todo en este tiempo en que nos obligan a transitar por los peldaños del fracaso…
La vida es como el equilibrista de circo. Cuando eres joven no te da miedo, coges la vara y hacia adelante. A comerte el mundo. Luego, conforme adquieres compromisos la vara pesa más, necesitas que el cable sea más grueso y que haya una red debajo. Pero eso lo haces a costa de renunciar a ciertas libertades y a alguno de tus sueños. Entonces tienes que llegar a un pacto. Un pacto entre lo que eres, lo que siempre has soñado ser y lo que realmente puedes llegar a ser.
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domingo, 29 de diciembre de 2013
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